Por Pablo Vila.
Érase un hombre a unos versos pegado,
Al que el ingenio, raro le acudiera,
Y en lugar de poemas consiguiera
Flatulencias de lirismo engolado.
Érase hombre delgado, tan delgado,
De delgadez tal, que nunca se viera;
Que sombra, su sombra, de arruga era,
Y siempre pareciera estar de lado.
Érase un esqueleto que camina,
Ausentes posaderas ponderables,
Un gracioso con gracias de gallina.
Érase que era un colon inestable,
Filósofo a cencerradas bovinas,
Ínfulas de escribir algo loable.