Hay algo en el ambiente que la hace única. Algo ancestral que emociona, que derrite. Quizás la contención de los padres y abuelos que miran con devoción a los más pequeños mientras ensayan. Igual, la ilusión de los propios chiquitines por bailar agachados bajo las espadas. O los nervios de quien asiste por primera vez a un ritual que sus antepasados vivieron. Uno nunca sabe por qué se eriza el vello de la piel, se contienen las lágrimas y se ama la Danza das Espadas de Marín sin ni siquiera haberla presenciado antes. Y esto es sólo el ensayo previo. Atentos al domingo.

Porque este 5 de octubre, con el vestuario apropiado y delante del público, todos ellos volverán a brillar con sus inmaculados trajes blancos, sus fajines azules y rojos, y las espadas. Hasta Marín se acercarán cientos de visitantes para contemplar este baile ancestral, que recorre el municipio desde el siglo XVII.
Lo iniciaron los marineros de la villa como muestra de unión y agradecimiento al Ancárgel San Miguel por su protección. Fiesta de Interés Turístico por parte de la Xunta de Galicia desde 2010, este año ha sido elegida para protagonizar el cupón y sorteo de la Once del pasado domingo y ha estado presente en la coreografía que ha acompañado al famoso gaitero Carlos Núñez en su gira. Sencillamente emocionante.

Para quien no la haya presenciado nunca es el momento. Todos, pequeños y grandes, llevan algo más de un mes arriba y abajo, sin descansar, para mostrar al mundo una suerte de destreza, coordinación y talento que los une y conecta con el pasado marinero de la villa. Cada primer domingo después de la festividad del Patrón San Miguel, Marín luce esta peculiar danza blanca, que este año cae en octubre.

Mes de ensayo
En el momento del reportaje de Diario Marín, los danzantes no paran de moverse, van vestidos de ropa de calle, algunos no levantan ni un palmo del suelo, pero aquí están, en el Espacio Multiusos del Mercado, ensayando, obedeciendo las pautas que apunta Antonio Caíña, coordinador de la Danza por parte del Ateneo Santa Cecilia y concejal de Deportes en el ayuntamiento de Marín. Ninguno se distrae.

Algunos ayuntamientos de los alrededores les han pedido que repitan la danza momentos antes de danzarla en Marín pero no pueden porque generalmente hasta un mes antes no tienen compuestos los grupos reales que van a actuar. «No es grupo de folclore o de gaitas que está todo el año ensayando», advierte Antonio Caíña.

Con una experiencia como danzante de 35 años de los 42 que está a punto de cumplir en noviembre, Antonio Caíña explica que existen dos grupos que integran la Danza das Espadas, por un lado el Grupo del Ateneo Santa Cecilia, la institución marinense que rescató esta tradición que data del siglo XVII y el Grupo Meigas y Tragos. Él pertenece al primero compuesto a su vez por tres grupos, dos infantiles de unos 70 u 80 niños y otro de adultos, de 40 o 45 danzantes.

«Antes había una norma no escrita que establecía que solo podían entrar a bailar cuando cumplieran la primera comunión, pero hubo años en los que la Danza fue a menos y se aprovechó para dar entrada a los más pequeñitos, de cuatro y cinco años», añade insistiendo que no son muchos porque «es importante el tema de la altura al condicionar los giros».

Sostiene que cuando llegan los últimos días y se aproxima el día de la Danza, «el baile se convierte en un completo lío, a veces se equivocan, sin embargo, llega el momento y, sobre todo, los más pequeñitos lo hacen como si hubieran nacido para ello. No hay fallo alguno. Son muy profesionales».

Con dos horas a la semana un mes antes de bailarlo por las plazas de Marín, les resulta suficiente. «Además de la altura, también es muy importante la coordinación, porque al final estamos bailando unidos por esta espada roja y blanca que es el símbolo de San Miguel», apunta el coordinador del baile. De madera rojiblanca, visualmente aparenta ser una espada, al haberse acoplado un tipo de adorno de conchas que simulan ser la empuñadora.

Vestuario
El vestuario de los danzantes se convierte en otros de los atractivos para ese día, diferente según el género. Pantalón largo, camisa y zapatillas blancas con un fajín rojo para los hombres y fajín azul, falda, camisa y zapatillas blancas para las mujeres.
Olga, una de las madres que suele asistir a los ensayos de su hija, afirma sentirse muy contenta con esta participación. La pequeña de diez años lleva tres años asistiendo encantada. «Somos de Marín y para nosotros es un orgullo. Ese día empiezan a las 10, hora en la que tienen que estar en el Ayuntamiento y se acaba como a las dos, momento en el que los pequeños comparten una comida por un lado y los mayores, por otro», nos explica emocionada.

«Históricamente dicen que la Danza la bailaban para que las mareas fueran bien e iban de blanco representando la sencillez de los marineros. Luego, con el tiempo entró la mujer. Hubo unos años que eran mucho más mujeres que hombres pero ahora estamos equilibrados», explica Caíña.


Al famoso gaitero Carlos Núñez le pareció tan sorprendente la Danza que la incorporó en su repertorio. A él, Antonio Caíña le mencionó que «los que vivimos la Danza desde pequeños es algo que llevamos dentro. Aparte de orgullo, es emoción. Y tanto es así que me atrevería a decir que el 90% de los danzantes es casi por tradición, todas las familias de Marín tuvo un danzante que pasó por la Danza de Espadas» descubre a Diario Marín.
Antiguamente también se sacaba el Día del Corpus y se acompañaba con otra danza que se llamaba de Arcos, alrededor de un palo, pero es algo que a día de hoy ya se ha perdido.
Así que, ya saben, no se la pierdan. Empieza el domingo a las 12 de la mañana después de la Misa Solemne en el Templo Nuevo. Se trata de una oportunidad única para verles bailar alimentando esa ilusión que los marineros marinenses de antaño dejaron en la villa: permanecer unidos siempre bajo las espadas, bajo la adversidad.
