Por Pablo Vila
Voz que de mi voz, silente, emana,
Hontanar que liviano desafía
A los surcos yermos de mi sequía.
Rosicler que a la negrura tirana
De la noche del desaliento, gana.
Rosa de los vientos del alma mía,
Fiel y espiritual cartografía
En las honduras de mi patria humana.
Tú, que eres el salmo de la belleza,
Que naces del acierto o el desatino
Del amor, cual semilla de pureza,
Cual rayo que no cesa en su destino,
Sigue alentando con igual viveza
A los pasos huérfanos de camino.