Por Susi de la Torre
En español existe el término “ quijotada “que se define y utiliza en momentos concretos, en los que alguien, llevado por la idealización y creencia en alcanzar un mundo mejor para él mismo y el resto de la humanidad, básicamente honesto de pensamiento y producto de una ética profunda ( errada o no ), comete y acomete acciones que desde afuera, ante ojos juzgadores, sorprendidos o observadores, se ven como un empeño inútil, inocente por esa misma causa, sin recorrido para conseguir el objetivo buscado.

Don Miguel de Cervantes Saavedra
Dejándonos llevar por el hidalgo caballero, seamos o no «castellanos viejos», sabemos que la expresión nace del personaje de la considerada última novela de caballería, escrita por el español Don Miguel de Cervantes Saavedra.
Don Quijote de la Mancha, de cuyo nombre nos acordamos aún hoy en día,
sea como héroe o antihéroe ante su descuadre, es un tipo peculiar en su
aspecto: alto, flaco, nervioso como se representan sus quimeras, chocando con frontalidad con el personaje de Sancho Panza, su némesis redondeada, sin ínfulas de trascendencia, ocupando en igual volumen a la imaginación de su noble señor, su realidad terruña.
La dualidad humana
El reflejo quijotesco, nos recuerda que en un lugar percibido como lleno de
manchas y por lo tanto falto de limpieza, un hidalgo enflaquecido con
hiperactividad cerebral, se lanzó aceptando todas las consecuencias para
enderezar y deshacer los entuertos en fuere menester.
Tomar una elección de esta especie, adoptada ya sea por colectivos o
individuos en solitario, es de inmediato recibir el rechazo del resto, tildándose de inmadurez con recelo y dura crítica. Tratar de que perviva un patrón superado o instaurar algo incipiente, en cualquiera de los casos, una labor ciclópea.
Jamás se resignó a quedar reducido a un mero espectador y así ha pasado a la historia, lanza en ristre.
Claro y conciso