La transformación de la antigua dársena portuaria de Marín —conocida popularmente como el “Cementerio de Chalanas”— entra en una fase de continuidad que consolida un proceso iniciado a finales de 2024 y que hoy sigue visible sobre el terreno.
Las obras, promovidas por el Ayuntamiento de Marín en colaboración con otras administraciones y con financiación vinculada a fondos europeos Next Generation, forman parte del Plan de Sostenibilidad Turística y buscan redefinir la relación entre el puerto y la ciudad.

Arranque en 2024
El expediente de urbanización del entorno de la dársena fue publicado en la Plataforma de Contratación del Sector Público el 20 de diciembre de 2024, marcando el inicio formal del proceso administrativo. Posteriormente, el 17 de marzo de 2025 se licitó la dirección facultativa y la coordinación de seguridad y salud, con cierre de ofertas el 1 de abril y adjudicación en junio de 2025.
Ese calendario sitúa el arranque efectivo de la obra civil en el verano de 2025, tras una primera fase previa de recuperación ambiental iniciada en diciembre de 2024, centrada en la limpieza de la lámina de agua y la retirada de sedimentos.

Espacio público
Desde entonces, la actuación ha avanzado en la urbanización peatonal del entorno, con mejora de aceras y continuidad del paseo entre la Plaza de España, el Paseo Alcalde Blanco y el borde de la dársena. El proyecto contempla la creación de parterres verdes, mobiliario urbano e iluminación renovada, además de elementos simbólicos como las letras corpóreas con el nombre de la villa.
En noviembre de 2025, la alcaldesa, María Ramallo, realizó una visita de seguimiento para supervisar el avance de los trabajos, confirmando que la obra se mantenía en ejecución durante el otoño. A día de hoy, la intervención continúa en distintos frentes, centrada en remates, integración paisajística y conexión peatonal.

Continuidad en 2026
El contexto actual es el de una obra que no se ha detenido y que se inscribe en una estrategia más amplia de integración puerto-ciudad. La intervención no solo afecta al plano estético o turístico: redefine el uso del espacio público en una zona históricamente ligada a la actividad portuaria.
El proyecto, muy criticado por la oposición y algunos marinenses al permitir el baño de niños prohibido en esa zona, se alinea con la tendencia como en otras ciudades portuarias europeas de recuperar frentes marítimos para la ciudadanía. Una de las apuestas por reforzar la accesibilidad universal y la sostenibilidad ambiental.

A la espera de que el Ayuntamiento concrete públicamente la fecha oficial de finalización, lo cierto es que las obras siguen activas y visibles, consolidando una transformación que marcará el frente marítimo de Marín en los próximos años.