Los embalsamientos de agua en la carretera entre Marín y Pontevedra de estos últimos días no son hechos aislados ni meros inconvenientes de tráfico. Son la expresión local de un fenómeno mayor que afecta a toda la comarca de Pontevedra.
La reciente borrasca Leonardo ha provocado inundaciones que han obligado a cerrar, nuevamente, la autovía PO-11 entre las dos ciudades, colapsando rutas alternativas con embalsamientos y retrasos de hasta horas en los desplazamientos cotidianos.

Asimismo, las lluvias intensas han anegado barrios como Os Praceres y Valdecorvos, en Pontevedra, debido a una canalización insuficiente, causando cortes de vía y graves dificultades para residentes y tráfico pesado.
Praceres, Valdecorvos
Estos episodios, que se repiten con mayor frecuencia, están vinculados de acuerdo la comunidad científica, a un clima más cálido que genera atmósferas con mayor capacidad para retener humedad y desatar lluvias intensas, situación observada también en otras áreas de España y Europa con impactos severos.

El impacto no se limita al transporte. Afecta a la vida urbana, a la movilidad cotidiana, a la seguridad de personas y bienes, y pone de manifiesto la limitación de infraestructuras de drenaje y gestión del agua pensadas para otra realidad climática. La saturación de vías y la incapacidad de evacuar el agua con rapidez aumentan el riesgo para conductores, peatones y comercio local en una zona que vive del dinamismo metropolitano.
Estrategias y futuro
Ante esto, la gestión pública debe ir más allá de las medidas reactivas de emergencia. Pontevedra o Marín junto a los gobiernos autonómico y estatal necesitan coordinar estrategias que integren la adaptación al cambio climático. Necesitamos inversiones en sistemas eficientes de drenaje urbano, gestión de ríos y regatos, mejoras en la canalización y planificación que se anticipe a episodios extremos, no solo que los remedie.
Asimismo, estos esfuerzos deben acompañarse de una política pública más amplia de reducción de emisiones para enfrentar el origen del problema. Pontevedra ha sido referente en algunos ámbitos de transformación urbana. El desafío ahora es dar un paso más y asumir que el clima ya ha cambiado.
Gobernar en este contexto implica tomar decisiones valientes, basadas en la ciencia y en el interés general. Cada episodio extremo que se repite nos recuerda que no actuar también tiene consecuencias. No se trata de alarmismo, sino de responsabilidad democrática. La ciudadanía merece respuestas planificadas y medidas sólidas que protejan vidas y actividades económicas frente a fenómenos que, aunque temporales, son cada vez más habituales y peligrosos.
El agua que hoy embalsa carreteras puede mañana inundar hogares si no elevamos la ambición de nuestra gestión pública y el compromiso con el clima.