El dolor en emergencias y en la comunicación

Para víctimas, heridos, supervivientes, los habitantes del pueblo Adamuz, fuerzas de seguridad, sanitarios e informadores debe ser la solidaridad y gratitud. Y para los familiares, las condolencias.
19 de enero de 2026
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«Palabras de gratitud a los voluntarios de Adamuz», ha dicho el Rey Felipe VI y la Reina de España, Letizia, desde Atenas, una voz de apoyo a quienes han permitido que, en esta nefasta noche de rescate, haya brillado la solidaridad de los andaluces, de los españoles, a los que ni la noche, ni las terribles imágenes, les achantó. Nadie se quedó en su casa.

Con esta frase, se resume el tono de comunicación que debe regir en las declaraciones institucionales y políticos en el desastre de Adamuz, un tono sosegado para solidarizarse con las víctimas, fallecidos y heridos. Y de gratitud para quienes estuvieron ayer en los primeros minutos, ayudando a los pasajeros del Alvia, el más perjudicado, que viajaba Madrid-Atocha/Huelva, y a los viajeros de Iryo, cuyos últimos vagones (5, 6 y 7) descarrilaron desde el andén contrario que viajbaba de Málaga a Madrid/Atocha. Para todos ellos, debe ser el relumbre, la gratitud, el honor.

Hérores en Adamuz

Ojalá que no ocurra como la Dana de los pueblos cercanos a Valencia, donde muchos quisieron el primer plano. Ojalá que exista unión entre el Gobierno español socialista, Pedro Sánchez, y el Gobierno andaluz popular, Juan Manuel Moreno Bonilla, para minimizar el gran dolor de los familiares y las personas que han perdido personas queridas.

Que sean minutos para honrar la entrega del pueblo de Adamuz, los bomberos, las fuerzas de seguridad, los sanitarios y psicólogos, todos los que se pusieron al servicio de la ayuda. Para confortar a los familiares que han perdido a sus hijos, padres, hermanos, tíos.

La fatalidad de 20 segundos

Porque fueron ellos, los habitantes de ese pueblo cordobés, los que ayer a las 20 horas de la tarde, ni se lo pensaron. Se erigieron como los verdaderos héroes del trágico suceso que tuvo lugar en veinte segundos, el tiempo escaso entre el descarrilamiento de Iryo y el choque del Alvia. Hasta el lugar del siniestro se acercaron con sus vehículos para acceder al terraplén donde cayeron los vagones del Alvia, un talud de cuatro metros.

A ese Hogar del Jubilado se aproximaron los vecinos con mantas, abrigos, comida, bocadillos, agua para los supervivientes, para los heridos. Un pueblo entregado a ayudar. Esa es la mejor comunicación: dar las condolencias a quienes tengan personas en paradero desconocido y dejar el mérito a quien seguramente, después de una emergencia de tal calibre, después de haber visto lo peor, enfermen por las imágenes vistas y se traumaticen. Para ellos, las víctimas, los heridos y supervivientes nuestras palabras de consuelo.

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