El «huequito» camillero

Esta semana, Reka Refojos con su característico humor nos habla del "huequito" camillero.
6 de julio de 2026
1 minuto lectura
Imagen del escritor Reka Refojos.

Por Reka Refojos

Cuando toca pasar por una aduana, mientras te miran fijamente y estudian cada movimiento que haces, o toman nota de esa gota de sudor que resbala por la frente y huye de ti, la primera pregunta que te hacen, es: «¿Tiene usted algo que declarar? Y continúan: ¿Por qué está tan nervioso?,¿Seguro que está todo en orden?»… ¡Ay! Que sencilla sería la vida si no nos la complicáramos con tanta tontería.

El subconsciente, ese mecanismo de seguridad, auto defensa y mercado al por mayor de miedos, es el que se encarga de complicarnos, casi siempre. ¡Uf! Todavía estamos en el primer párrafo y ni tan siquiera hemos subido a la camilla del fisio/psicólogo/acupuntor.

Aún nos queda un trecho para llegar al “hueco” de la cuestión. Continuamos. El otro día, encontrándome yo doblado (literalmente) por
culpa de mi maltrecho lumbago, y después de varias semanas empastillado hasta las cejas, alguien me recomendó acudir a un acupuntor… «¿Tienes alguna alergia?», preguntó el experto.

«Solo una: las agujas», contesté con rotundidad. Tras una leve sonrisa me sugirió respirar hondo y pensar en cualquier otra cosa, indicándome que me echara en la camilla. ―Túmbate boca abajo y coloca la cabeza en el hueco de la camilla. Estarás más cómodo. Intenta relajarte y déjate hacer ―me dijo, ya con una sonrisa amplia en el rostro. Obedecí sumiso, aunque nada relajado al comprobar el contenido de su mano izquierda: un cartucho lleno de agujas… «Cagoensos», maldije para mis adentros, «esto va a ser una tortura».

Me tumbé, cerrando los ojos, e introduje parte de la cara en ese agujero (creo que mi cabeza es de tamaño XXL para un orificio tan pequeño). Al abrirlos, lo primero que veo son dos agujas en el suelo… me miraban mal y de reojo, lo juro.

―Disculpe ―le digo―. En el suelo hay un par de agujas perdidas.
―¡Ah, carallo! Veo que eres observador. No te preocupes, las otras 15 ya las tienes repartidas por el cuerpo ―ni tiempo me dio para enterarme―. Es la influencia que transmite ese pequeño hueco. Para eso lo hacen, para que encontréis las agujas que se van a por uvas y no llegan al pajar.

Diario Marín

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