El poder del Aquagym

Con la característica visión tierna, intimista, el escritor Reka Refojos, autor de la novela "Rula" y ganador de varios premios de relatos, nos acerca al momento mágico de la solidaridad y empatía.
22 de junio de 2026
1 minuto lectura
Imagen del escritor Reka Refojos.

Por Reka Refojos

―Tu espalda necesita que la fortalezcas si no quieres verte doblado en
un breve espacio de tiempo ―fue la sentencia del fisio el día en que me decidí a pedirle ayuda para mis continuas molestias―. El ejercicio en un medio acuático es lo mejor… deberías apuntarte ya a clases de “aquagym”.

No pude evitar una sonrisa de incredulidad. Estaba convencido que tan
solo pretendía tomarme el pelo. «Eso es cosa de viejas. No puede estar
hablando en serio», pensé. Sí que la propuesta era real. Prometí que lo haría, aunque cruzando los dedos en la espalda para evitar cumplirla. «Aquagym, menuda majadería. Que soy hombre y, además, joven… muy macho ¡Leñe!», mascullé para mis adentros.

Dos meses más tarde ―luego de una dura lucha contra todos mis
egos― me encontraba yo inmerso en la piscina de mi barrio, en medio de un grupo de mujeres ―más de veinte― y otro hombre, aparte de mí. Rafa, que así se llama mi compañero de aguas, tiene 92 años y una vitalidad, energía y simpatía increíbles.

―Es el poder del aquagym ―me repite una y otra vez.

Ayer ocurrió algo que me hizo reflexionar acerca de las palabras de
Rafa. Carmen, una de las “chicas” más jóvenes, entró en la piscina con los ojos llorosos. La miré, me hizo un gesto de que no pasaba nada y desvió la mirada.

Alguien se me acercó y me comentó que su madre estaba a pocas horas de
emprender el último viaje. Durante una de las breves pausas de la clase, di
cuatro pasos hasta Carmen e intenté infundirle ánimos. Me dijo que estar en la piscina eran los mejores ánimos que necesitaba. El sentirse rodeada de las compañeras en el agua era lo mejor en aquellos momentos.

Al acabar la clase la monitora hizo un gesto y la totalidad de “chicas” fuimos rodeando a Carmen hasta abrazarla al unísono. Lloró, se fundió con todas en ese húmedo, sincero y poderoso abrazo y rio. Lo hizo como si no hubiera un mañana. Lo hizo porque no quería salir del agua. Rio porque estaba sintiendo, y así me quedó demostrado, que ese era el auténtico poder del aquagym.

Diario Marín

Diario Marín

Web Master

Deja un comentario

Don't Miss