El Polycommander

El escritor Reka Refojos, autor de "Rula" cuenta en su relato de verano semanal las sensaciones de un 5 de mayo de 1970 cuando el petrolero Polycommander embarrancó en la Ría de Vigo.
10 de agosto de 2026
2 minutos de lectura
El escritor Reka Refojos, autor de "Rula".

Por Reka Refojos.

Sentados en el campillo comentando lo mucho que Rogelio se estaba demorando en venir con la pelota para comenzar a jugar. Era el único del barrio que contaba con un balón de reglamento ―duro como una roca del monte, pero oficial. Todo un privilegio―. Un bocinazo seguido de un
brusco frenazo nos hizo desviar la atención hacia la carretera. Vimos al señor Alfonso bajarse del coche que se había detenido en el cruce y correr
despavorido hacia su casa. Dentro del coche quedó alguien más.

―Niños, todos para casa inmediatamente que viene una tormenta muy
fea y es peligroso quedarse en la calle ―gritó sin apenas mirarnos.

Los que estábamos en ese momento en el campo levantamos la cabeza
al unísono. El cielo estaba casi despejado. Nada parecía indicar que fuese a
llover. Por supuesto no le hicimos ni caso y seguimos esperando a Rogelio. Al cabo de unos minutos el señor Alfonso volvió a pasar delante de nosotros. Llevaba puesto un gabán impermeable, un gorro de lana y unas botas de aguade mediacaña. En la mano izquierda unos prismáticos y en la derecha un par de bocadillos. Seguía corriendo como si lo persiguiera una jauría de perrossalvajes. Esta vez ni se fijó en los cuatro chiquillos que estábamos como pasmarotes contemplando su carrera. Entró de nuevo en el coche y salieron en dirección hacia Cabo Home, tal como habían llegado: dándole a la bocina sin pausa.

¡Y sucedió! Fue de repente, sin aviso previo, como el pinchazo en el culo
del señor Gallego, el practicante: sabes que lo va a hacer. Te lo han advertido y, sin embargo, la aguja traspasa tu glúteo cuando menos te lo esperas… El estallido que retumbo en la atmosfera hizo temblar el suelo y todo lo que había a nuestro alrededor. El cielo se tiñó de negro, completamente, y se hizo de noche en un segundo.

«No puede ser, apenas serán las cuatro y pico de la tarde, esto es del todo imposible», comentamos a gritos, como si aquella oscuridad fuese capaz de tragar el sonido de las palabras… como si engullera todos los sonidos. El aire se volvió irrespirable. Nos picaban los ojos y comenzamos a toser. La madre de Toñito salió a la ventana y nos gritó que subiéramos para casa ya. Nos miramos. Gritamos todos a la vez, aún más asustados. Y corrimos. No era una carrera pero ninguno quería ser el último. Yo creo que ni el señor Alfonso nos hubiese ganado. Era como si el cosmos hubiese muerto y fuera a caerse de un momento a otro sobre nuestras cabezas. Así nos pareció.

El cinco de mayo de 1970 el petrolero Polycommander, de bandera
noruega, embarrancó en la salida Norte de la ría de Vigo, entre la isla de
Monteagudo y Cabo Home, liberando miles de toneladas de petróleo al mar (no eran “hilillos de plastilina”). A primera hora de la tarde se produjo una explosión en el barco, incendiándolo y propagando el fuego al fuel derramado. La columna de humo negro era tan alta, grande y densa que opacó el sol en toda la ría. La marea negra que produjo, y sus consecuencias, todavía son visibles a día de hoy en algunas zonas de la costa de Cangas y Nerga. A los ojos de un niño de nueve años, aquello era lo más parecido

Diario Marín

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