La noticia de Diario Marín sobre el cementerio de chalanas y su reconversión en una piscina improvisada, provocó que la gente despertara de su letargo y ofrecieran una opinión en Facebook y en nuestra propia página web. Opinar siempre es bueno, tanto para las instituciones, para los medios de comunicación y para los vecinos.
Significa que Marín vive, porque eso supone reflexionar y permitir hacernos mejores como periódico, como institución y como vecinos. Sin la crítica respetuosa uno no crece, ni mejora, ni afronta nuevos retos, así que enhorabuena a todos los que participaron en el debate.
Nuestros niños
Desde esta Editorial (para quien no lo sepa una Editorial es la voz oficial de un periódico y por eso no lleva firma, porque representa a todos los que componemos Diario Marín y especialmente a su dirección) resulta necesario llamar la atención para que la nueva instalación sea segura. No pretende ofender al Concello de Marín, ni ser partidista, ni siquiera favorecer a la oposición. Pretende que seamos sensatos con nuestros niños, que son nuestros niños de Marín o de visitantes que vienen a convivir con nosotros.
Los niños son los tesoros más preciados de la sociedad marinense porque ellos son nuestro futuro y, por eso, no queremos que se queden en el camino. Deseamos que disfruten de las atracciones que tiene Marín, algunas de agua situadas en el Paseo Alcalde Blanco, o de nuestras playas, tan cercanas al pueblo (Portocelo a 15 minutos andando desde el centro y con una paseo refrescante y maravilloso).
Nadar en la inmundicia
Por eso, debemos pensar si nos queremos exponer a un accidente o clausurar esa instalación para que ningún niño se cuele. Porque, además, el olor que se desprende es más cercano a una poza que a una piscina con su cloro y transparencia. Nadar entre la inmundicia no me parece lo mejor para unos pequeños que están creciendo.

La vida es corta. Ya lo hemos comprobado la semana pasada, pero no queremos acortarla más. Nosotros, los adultos, los que tenemos la responsabilidad, me da igual la ideología que tengamos, de izquierda o derecha, somos los responsables de la salud de nuestros niños y, ante ello, reclamo una unión para salvaguardar la vida de los pequeños. Porque ellos ni son de izquierdas ni son derechas. Ellos simplemente son niños que juegan y confían que sus mayores velen por su seguridad.