La falta de limpieza de Marín no deja ninguna duda a nadie, ni si quiera a la Alcaldesa que durante el último Pleno explicó que la situación se ha hecho insostenible, sobre todo cuando hay eventos como el fútbol donde la Alameda se convirtió en una auténtica batalla campal, con restos de comidas y demás. Parece que nadie recoge lo que ensucia, la gente tira sus desperdicios sin acercarlos a los contenedores de limpieza o papeleras. A todo el mundo le da igual.
Así que, por mucho empeño que pongan los brigadistas de limpieza o el propio ayuntamiento, siempre habrá alguien dispuesto a tirar sus restos de basuras o realizar sus necesidades en mitad de la calle, un asunto que está dejando un olor nauseabundo en el casco histórico. Pasear por sus hermosas calles ya no resulta nada atractivo.
Educación cívica
La villa, el pueblo, la localidad necesita más educación cívica. No puede ser que, en pleno siglo XXI, siga habiendo gente que orine en un rincón, debajo de puente o donde le plazca. No puede ser. Antes deberían ir a un bar, tomarse un café y entrar en el servicio, que tampoco se puede ser tan miserable.
No se trata sólo de que el Concello avise o ponga multas, se trata de respeto al prójimo. De andar por las calles y tomar conciencia de que habrá animales, niños, que anden por esas mismas rúas capaces de contagiarse de lo que no deben.
Sin darnos apenas cuenta, hemos conseguido extremar la limpieza para los excrementos de las mascotas, llevando con nosotros botellas de agua para evitar que el calor ofrezca un olor repugnante a los viandantes y seguimos (siguen) orinando en las calles. El olor es insoportable cuando llegan las fiestas y aquí me pregunto: ¿Cuesta tanto ser previsible?