Medalla y sombra

El escritor Marcos Villar, experto en criminología y derecho, nos ofrece su visión particular sobre el último asesinato por violencia de género.
10 de agosto de 2026
3 minutos de lectura
Marcos Villar (Petra Bienvenido) en una foto reciente en la Playa de Portocelo (Marín).
Marcos Villar (Petra Bienvenido) en una foto reciente en la Playa de Portocelo (Marín). Foto: DM.

Por Marcos Villar

La noticia del último asesinato de violencia de género me ha secuestrado las palabras. Laura Cruz Vega, una agente de la Guardia Civil de 50 años, madre de tres hijos adolescentes y muy querida en Llanes por su implicación en el deporte local, ha sido asesinada a tiros por su expareja —también agente del cuerpo, Dámaso F. S.— en el interior del cuartel asturiano. Hasta ahí, la tragedia insoportable de siempre, el goteo macabro que nos vacía por dentro. Pero luego, el añadido periodístico que enciende la indignación: veintinueve felicitaciones por buenos servicios en la taquilla del agresor.

¿Y qué? Esa es la pregunta que me quema los labios. ¿Qué importa que un maltratador, un asesino (que había dejado de ser presunto) —lo digo claramente, porque no se le puede llamar de otra forma; y no, no es ninguna injuria, ya que no existe falsedad o temerario desprecio hacia la verdad (pues si se imputara falsamente un delito tipificado pasaríamos
a hablar de calumnia, y aquí la verdad asoma con toda su cruda y dolorosa evidencia)—, acumulase diplomas o palmaditas en la espalda? ¿A qué juega la publicación de su foto de uniforme, exhibiendo además una estampa oficial que solo machaca a su propia familia y a unos hijos inocentes que ya cargan con una mochila insoportable?

La profesión

Si hubiera sido médico, político, albañil, carpintero o cartero, ¿alguien se habría detenido a detallar si diagnosticaba con precisión, si aprobaba leyes con diligencia, si era eficiente colocando ladrillos o si repartía las cartas antes de cometer una atrocidad? Claro que no. Parece que con el uniforme se busca insinuar un peligroso absurdo: ¿acaso se insinúa que la Guardia Civil premia asesinos, o que habrá algún tipo de indulgencia institucional? No. Por supuesto que no. La institución no ampara a criminales, pero el foco mediático a veces parece empeñado en embarrarlo todo. Conviene desligar este acto criminal por completo de la Benemérita. El uniforme no define al monstruo que lo viste en su miseria particular.

Y al mismo tiempo, toca mirar de frente al sistema. Resulta bochornoso escuchar al presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, apresurarse a certificar que no le consta que haya habido «ningún fallo en el sistema». ¿Cómo que no hay fallos? Ella tenía miedo, arrastraba años de terror con denuncias cruzadas por malos tratos, una condena de un año y ocho meses —por la que, para más inri, ni siquiera ingresó en prisión— y una estrategia de desgaste absoluto mediante la interposición por parte de él de cuarenta y cinco denuncias falsas destinadas a asfixiarla en lo laboral, en lo económico y en lo social.

Dejadez interna

Y por si fuera poco, una orden de protección que las instituciones decidieron no renovarle, dejándola a la intemperie. A este individuo, con una condena firme y al que le acababa de llegar la resolución de separación del servicio, se le permitió viajar desde Zamora hasta Asturias. Pero lo más grave es la absoluta dejadez interna: que pudiera colarse en el cuartel por una puerta secundaria que conocía perfectamente, llegar hasta una zonarestringida, reventar el armero y una taquilla para robar el arma reglamentaria de un compañero… Tela marinera.

¿De verdad que no falla el sistema? Por supuesto, no me gustaría estar en la cabeza de los mandos del acuartelamiento; sabemos perfectamente cómo se gastan las cosas ahí arriba y está claro que van a rodar cabezas por esta cadena de negligencias inaceptables. Las excusas institucionales y el afán de autodefensa sobran cuando una mujer protegida es asesinada en su propio puesto de trabajo: el fracaso es rotundo, estrepitoso y colectivo.
Por el hecho de ser ella también guardia civil, ¿qué se pretende sugerir? ¿Que por llevar placa y pistola era una especie de Lucky Luke dispuesta a batirse en duelo y ajusticiar hombres? Qué manera tan ruin de desviar la atención. Era una mujer, una madre a la que han arrebatado la vida con la misma crueldad cobarde que a tantas otras.

Violencia machista

No tenía más ventajas frente al horror por llevar el tricornio; la violencia machista no entiende de rangos ni de placas, arrasa por igual. La tragedia tiñó de sangre la jornada del miércoles en Llanes. Tras el ataque, el agresor intentó darse a la fuga, abriendo fuego contra un teniente y otros efectivos que acudieron a auxiliar. En el intercambio de disparos, el atacante resultó gravemente herido —falleciendo poco después en la UVI móvil— mientras otros dos agentes de la Benemérita sufrían lesiones de diversa consideración.

Contra un escenario así, amén de que la respuesta judicial esté a la altura, lo único que cabe es la repulsa más radical y dejar de mirar hacia otro lado. No basta con la condena institucional de boquilla: hay que investigar cada fallo y asumir responsabilidades sin paños calientes. Mi compasión, absoluta y desgarrada, se queda con ella, con esa mujer fallecida. Con esos hijos que se han quedado huérfanos de la peor manera posible, y con esas
familias rotas para siempre que ahora solo arrastran un silencio inhabitable. Factum fieri non potest

Diario Marín

Diario Marín

Web Master

1 Comment Deja una respuesta

  1. Lejos de acabar con estas noticias cada día están yendo en aumento. Las leyes y los protocolos son los adecuados? Deberían hacer una profunda reflexión aquellos de quién depende establecerlas. Porque lo que es evidente es que algo se está haciendo muy mal.

Deja un comentario

Don't Miss