Vade retro

Reka Refojos cuenta en este relato de verano una historia delicada sobre literatura, amor materno, infancia y recuerdos.
27 de julio de 2026
2 minutos de lectura
El escritor Reka Refojos, autor de "Rula".

Por Reka Refojos

Maruja leía despacio, como cada noche, con una cadencia sopesada en
cada frase. Se sabía el cuento de memoria y, aún así, la vista permanecía fija en el libro que tenía delante. La pequeña Sabela, como cada noche,
permanecía muy atenta a cada palabra que salía de la boca de su madre.
También conocía el cuento que le contaba todas las noches. Y, sin embargo,
cada noche parecía diferente. El texto siempre era igual ―era la misma historia una y otra vez―, pero Maruja, con sus gestos, su entonación y su emoción contenida, conseguía que fuese un cuento distinto de un día para otro. Y, sin embargo, algo no iba bien. Las dos lo sabían …

“… El pequeño poni blanco, con la cola multicolor, avanzaba sin miedo
sobre las nubes de algodón. De pronto su trote se detuvo ante un enorme
nubarrón gris, casi negro. «Se avecina temporal, Fredy, pero tan solo es una nube un poco más grande. Un pequeño salto, un esfuerzo más y ya estaré en casa», se dijo en voz alta para animarse. A lo lejos, en el horizonte, se adivinaba la silueta de un castillo, su casa…”

―Mami, mañana continuamos ¿Vale? Vamos a esperar a que pase la
tormenta ―la niña se abrazó a su madre―. Hoy ya no más, vamos a dormir.
―Tienes razón, como siempre. Buenas noches mi pequerrechiña
―contestó Maruja, arropándola y besándola como solo ella sabía hacerlo―.
Mañana más y mejor.

A pesar de que Sabela contaba con más de dos años de edad, dormía en
una cuna al lado de la cama de su madre. El diminuto apartamento en el que vivían las dos no daba para más. Maruja apagó la luz y se sentó en la cama.

Ella no necesitaba más claridad que la de la calle, esa que se colaba por las
celosías de la persiana. Se cercioró de que la niña no la veía y se agachó
hundiendo el brazo bajo la cama. Extrajo algo que depositó en su regazo. Pasó las manos por encima, sin rozarlo, susurrando una rítmica letanía. Pasados unos minutos agarró un pequeño cirio negro, que era parte del contenido del plato que acababa de sacar del escondrijo debajo del catre, y lo irguió en el centro del platillo, en medio de un pequeño circulo de sal marina. Con la mano izquierda agarró una caja de mixtos de madera y extrajo uno para encenderlo y prender la vela. Un leve ruido la hizo levantar la vista. Sabela , agarrada a la barandilla de la cuna, la miraba en silencio.

―Anda, pequerrecha, acuéstate que termino en seguida. Son cosas de
mamá, ya sabes.
―Hoy no, mami. Porfa, hoy no.
Maruja esbozó una sonrisa a la personita que más quería en este
mundo, asintió con la cabeza y, con un movimiento muy calculado, depositó cada elemento en su lugar dentro del plato devolviéndolo a los bajos del lecho mientras mascullaba entre dientes:
―¡Vade retro, maldito cabrón! Nos vas a dejar dormir en paz esta noche,
¿verdad?

Diario Marín

Diario Marín

Web Master

Deja un comentario

Don't Miss