El lince, esa especie de gato montés pero más grande, autóctono de la Península Ibérica y en peligro de extinción durante años, ha logrado sobrevivir gracias a la acción humana. Los trabajos de cría en cautividad han permitido liberar 403 linces desde 2011 hasta 2024.
A inicio del siglo XXI, el Lince Ibérico (Lynx pardinus) estaba a punto de extinguirse con menos de 100 ejemplares en libertad, en dos enclaves del sur de España: Doñana y la sierra de Andújar. Durante el pasado año, 2024 la población alcanzó más de 2.400 ejemplares distribuidos por toda España (principalmente en Castilla-La Mancha, Andalucía, Extremadura y la Región de Murcia) y Portugal. Este incremento ha supuesto un alivio para esta especie que estuvo a punto de desaparecer.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha hecho público un informe sobre la situación del lince. La población de linces ha llegado a más de 2400 ejemplares en 2024, un 19% más que en el año anterior. El censo total de linces alcanza en ese momento los 2.401 individuos, con 1.557 adultos o subadultos y 844 cachorros nacidos en 2024. El número de hembras reproductoras se situó en 470 en toda la Península Ibérica, siendo Castilla-La Mancha la comunidad autónoma con mayores tasas de reproductividad.

Al borde de la extinción
La situación era de extrema gravedad en el año 2000. Apenas quedaban menos de 100 ejemplares en la naturaleza y la especie pasó a ser el felino más amenazado del mundo.
La población estaba extinguiéndose por varias razones, entre ellas el factor humano. Muchos linces eran cazados, atropellados, acorralados y teniendo que emigrar por la presencia humana hasta otros hábitats (menos adecuados para él, en donde había escasez de su principal presa, los conejos), etc.

Sin embargo, ahora la situación es muy diferente, y del mismo modo que el ser humano fue culpable de su casi desaparición, ahora es el principal responsable de su resurgimiento. El lince ibérico ha sido evaluado por última vez para la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN en 2023. Lynx pardinus está catalogado en la actualidad como Vulnerable según el criterio D1. El criterio D1 se basa en el número total de individuos maduros de la especie. Es un criterio puramente numérico y se aplica a especies con poblaciones muy pequeñas al tener menos de 1000 ejemplares adultos en el momento de hacer esta clasificación.
Lucha por evitar la endogamia
Uno de los mayores problemas genéticos a los que se puede enfrentar una especie es la endogamia, del griego antiguo ἔνδον endon ‘dentro‘ y γάμος gamos ‘casamiento‘, que ocurre cuando dos individuos emparentados se apareen y dejan descendencia. La salud genética de una especie es mayor cuanto mayor variabilidad genética tenga. Esa variabilidad permite a la especie adaptarse mejor a condiciones cambiantes del ambiente.
Si se parte de una población de muy pocos ejemplares es muy probable que se apareen miembros de una misma familia lo que hace que esto esté abocado al fracaso genético en pocas generaciones. La carga genética, la posesión de un abanico de genes que permiten adaptarse a una especie, es mayor si tiene más alelos (la expresión de un gen) diferentes.
Un éxito de la ciencia
Los programas de cría en cautividad y reintroducción han sido cruciales para la recuperación del lince ibérico en los últimos 15 años. Estos esfuerzos, financiados principalmente por el Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas (ICNF) de Portugal, la Junta de Andalucía y el MITECO, han permitido liberar 403 linces desde 2011 en áreas de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal. Murcia se unió al programa en 2023 y Castilla y León en 2025. Se planea seguir ampliando las áreas de reintroducción para disminuir el riesgo de extinción de la especie.

Referencias
https://www.youtube.com/@lifelynxconnect
https://www.iucnredlist.org/species/12520/218695618#