Uno de los insectos que goza de mayor popularidad es la mariquita. El encuentro con una de ellas es considerado como símbolo de buena suerte.
Las mariquitas de bello colorido y agradable aspecto son por lo general de color rojo, aunque las hay también amarillas, negras o marrones; la mayoría exhiben en sus alas dos, siete, diez y hasta 22 puntitos negros.
Además de su simpático aspecto, la auténtica razón de su popularidad es que la mayor parte de las más de 4,000 especies de mariquitas que existen en el mundo, y un 68% por ciento de las europeas son unos eficaces insecticidas. Su dieta se compone principalmente de piojos, cochinillas, hongos de mildiu, ácaros y pulgas. Una mariquita adulta puede consumir hasta 1,000 piojos durante un verano. Si tenemos en cuenta que una hembra puede tener miles de crías que devorarán mil pulgones por estación veraniega, el resultado será de millones de piojos, pulgones y cochinillas engullidos…
Sicarias a sueldo desde la antigüedad
Esta voracidad de las mariquitas fue aprovechada ya en la antigüedad por naturalistas y jardineros que las utilizaban como una lucha biológica contra los parásitos. El gran científico y naturalista Linneo dio a conocer este aspecto, por primera vez, en el año 1752. Siglo y medio después, en el año 1899, varias colonias de mariquitas australianas fueron trasladadas a California para combatir una plaga de pulgones y parásitos que asolaban las plantaciones de cítricos. De esta manera, sin necesidad de los nefastos pesticidas químicos que envenenan la tierra, se puede -con medios naturales- reducir o erradicar una plaga.

La lucha
En plena naturaleza, es decir, sin que el hombre intervenga, la relación de fuerzas entre depredadores y presas se autorregula habitualmente. Durante los calurosos veranos padecidos en Europa en 1975 y 76, cuando el número de pulgones aumentó considerablemente, se desencadenó una tremenda plaga de mariquitas. Miles de millones de larvas salieron de los huevos y encontraron el suficiente alimento como para mantenerse con vida y transformarse en crisálida. Como consecuencia, a lo largo del verano, la ingente cantidad de mariquitas se agrupó en bandos, formando oscuras nubes.
La reacción biológica no se hizo esperar. Al año siguiente, una vez eclosionados los múltiples huevos de estos insectos supervivientes al letargo invernal, las larvas apenas encontraron pulgones con los que alimentarse y se vieron forzadas al canibalismo; solo sobrevivieron las más fuertes. De esta forma la situación volvió a sus cauces normales.
Un año vivido intensamente
Por lo general las mariquitas no viven más de un año. En los primeros días de mayor, la hembra deposita hasta 1000 huevos fecundados de los que nacen unas larvas marrones o amarillas que cambian de piel tres veces antes de transformarse en crisálida. Mes y medio o dos meses después, la nueva generación de mariquitas está ya lista.
A comienzos de octubre se visten el abrigo de invierno, generalmente bajo una alfombra de hojas, a veces protegidas por la corteza desprendida de un árbol. Se han descubierto auténticas comunidades compuestas por millones de estos insectos que pasan todo el invierno durmiendo, hasta muy avanzado el mes de abril.
Esto es lo que se refiere a las mariquitas europeas. En otros continentes el proceso es más rápido. La evolución que va del huevo hasta el nacimiento del nuevo escarabajo dura sólo entre 14 y 16 días. Es decir, anualmente se producen varias generaciones.