El Autoworld de Bruselas presenta parte de una colección privada ordenada por décadas muy recomendable. Todo ello en un recinto industrial de comienzos de siglo XX que añade un plus arquitectónico a la experiencia.

Si bien el comienzo del automóvil fue elitista, con el paso del tiempo su compra se fue democratizando. En España la llegada del Seat 600 fue clave en este proceso, pero en otros países, otros modelos tuvieron ese honor. En el Autoworld hay una zona especial para contemplar estos vehículos.

Los micro coches, anteriores en su mayoría a la llegada de los populares Seat o Fiat 600, Citröen 2CV o Renault 4, suponían un concepto de movilidad no muy diferente de los actuales Citróen Ami, Renault Twizy y similares. Estos abuelos de los Smart, impulsados a menudo con motores de motos de pequeña cilindrada, permitían desplazamientos de medias y largas distancias a las familias menos pudientes.

El repaso histórico, perfectamente ordenado, permite ver coches, motos e incluso algunos motores o piezas de la época. Incluso han cuidado el detalle de la puesta en escena, con decorados propios de las épocas.

Modelos exclusivos

En el recinto podremos observar algunos modelos que en su día fueron los inspiradores de las líneas actuales, pero que no pasaron a la producción. Algunas marcas, acuden a los salones con ejercicios de diseño y publicidad, que por diferentes razones no se llegan a comercializar. Esos pocos ejemplares se pueden disfrutar en los museos como piezas exclusivas de colección.

El Pegaso Z102, estableció un récord de velocidad para los vehículos de producción en 244 km/h en el año 1953. Este hito fue logrado en la carretera de Jabbeke, Bélgica.
Motos y competición
Las motos y los vehículos de competición también disponen de su espacio en este elegante recinto. Algunos modelos destacados como la Honda NR750 que en 1992 se convertía en icono con sus pistones ovalados e ingeniería avanzada.

La colección alberga también algunos fórmulas 1, coches de las 24 h de Le Mans y otras competiciones. Cabe recordar que la exposición, rota sus modelos, pues en ella se contemplan aproximadamente la mitad de la colección privada de su propietario.

La visita finaliza en la ineludible tienda y cafetería. Siempre es agradable reponer fuerzas antes de irse de un lugar así y no menos recomendable llevarse un recuerdo. La visita sin duda merece la pena para los apasionados del motor. Cerca del centro de la ciudad, con un continente y un contenido admirables.