La oferta cultural y la belleza de las calles parisinas son el escenario perfecto para una escapada romántica o familiar durante estas fiestas navideñas. No es extraño que París reciba millones de visitantes al año, hasta erigirse en el top de la Unión Europea como la ciudad con mayor número de turistas.
Para esos que quieran acercarse a París, en Diario Marín le refrescamos un poco la memoria a quienes ya la conozcan y le damos algunas pistas a quienes la conviertan en destino para esta Navidad.
Ciudad monumental
La torre Eiffel se ha convertido en el faro que ilumina París e incluso Francia, es una visita obligada para todo viajero. Poder caminar o navegar el Sena, admirando sus puentes o los jardines resulta de lo más recomendable. Para sorpresa de muchos, una Estatua de la Libertad se alza sobre las aguas del río.

Hay muchos modos de desplazarse por la ciudad, desde fantásticos cruceros por el Sena a los tuc tuc que se aglomeran en las inmediaciones de los lugares más turísticos.
París es inmensa. Pese a que el viajero puede disfrutar de la belleza de sus edificios, caminando por sus calles, resulta complicado dada la magnitud de la urbe.

Los Campos Elíseos que van desde la Plaza de la Concordia hasta El Arco del Triunfo resulta un paseo precioso en cualquier época del año, aunque también excesivamente frecuentado por el tráfico.

Arte en el ADN
París reúne algunos de los museos más importantes del mundo. El Louvre, con su icónica pirámide de cristal, alberga obras que van desde civilizaciones antiguas hasta la Venus de Milo y la Gioconda.
El Museo del Louvre es una inagotable galería de arte, pero también un lugar de referencia. El turista puede perderse en sus inmediaciones y disfrutar del conjunto arquitectónico que conforma el museo y los edificios colindantes.

Destacan también los museos de Orsay, el Centro Pompidou, el Grand Palais y la fundación Louis Vuitton.
Si bien el centro Pompidou estará cerrado por obras hasta el 2030, algunas de sus exposiciones se muestran en el Grand Palais, reabierto tras los juegos olímpicos del 2024.
Barrios singulares
El barrio latino, uno de los más antiguos de la ciudad, goza del mayor número de librerías de la ciudad. Todo un referente cultural e intelectual.
Detenerse en un café sigue siendo casi una obligación. Algunos, como el Café de Flore o Les Deux Magots, donde alguna vez escribieron Sartre o Simone de Beauvoir, ayudan a entender por qué la vida parisina se disfruta sin prisa. Aquí el tiempo parece saborearse con cada sorbo de café. Al atardecer el barrio de Montmartre es un lugar apetecible y bucólico. Lleno de singulares rincones, la preciosa Basílica del Sagrado Corazón y una panorámica espectacular de París.
Las luces nocturnas proporcionan a la ciudad un tono más bohemio, aquel que sirvió de inspiración a Picasso o Toulouse-Lautrec. Sin duda puede respirarse en el ambiente esa creatividad.

Aquellos que quieran visitar Moulin Rouge deberán reservar con bastante antelación y realizar un desembolso importante pero recomendable.
Gastronomía, una disciplina artística más
La cocina parisina es una celebración de sabores y técnicas. Desde los mercados locales, como el Marché d’Aligre, hasta restaurantes galardonados, toda la ciudad ofrece opciones para todos los paladares.
Probar un cruasán recién horneado, dejarse tentar por una selección de quesos artesanales, son experiencias únicas. Y para los amantes del dulce, la repostería francesa —éclairs, macarons, tartas de frutas— es un capítulo aparte.
París es sorprendentemente amable para quienes necesitan evitar el gluten. NoGlu es uno de los establecimientos más reconocibles para comer sin gluten en París. Posee varias ubicaciones, incluyendo una panadería-pastelería 100 % sin gluten. Helmut Newcake, es una pastelería especializada en repostería sin gluten. Según varias guías de “París sin gluten”, es otro lugar imprescindible. Ubicada cercana al Louvre la hace una opción muy cómoda en un día de turismo.
Roma será eterna, pero París es infinita
París brilla en cualquier época del año. Las soleadas tardes de primavera y verano otorgan una calidez que invitan a caminar cerca del Sena o a la sombra que proporcionan sus amplias aceras. Con la llegada del frío otoñal o invernal, la ciudad muestra un matiz acogedor. En Navidad, además, se engalana para incitar a visitar sus calles y comercios.
París jamás se agota. Cambia con las estaciones, con la luz, con el ánimo del viajero. Siempre existe un museo nuevo por descubrir, una pastelería que probar, una exposición efímera o un barrio que se transforma.
Tal vez esa sea la verdadera magia de París. Ofrece a cada visitante la sensación de que la ciudad ha sido creada especialmente para él. Y al despedirse, siempre deja la misma certeza, volver será inevitable.